lunes, 21 de enero de 2019

Como Italia está usando al independentismo catalán y a la inmigración para desestabilizar España

Bajo el actual gobierno italiano de extrema derecha
España se ha convertido en un enemigo de Italia al que
hay que desestabilizar 
Tras la llegada al poder del gobierno italiano de extrema derecha entre la Liga Norte y el Movimiento Cinco Estrellas las relaciones entre España e Italia han cambiado radicalmente. Tradicionalmente al aceptar España un papel subordinado en el Mediterráneo frente a la competición esttratégica entre Francia e Italia por la hegemonía en la región, las relaciones italoespañolas han sido amables y cálidas pero tras los cambios políticos simultáneos operados en ambos países añadiendo la llegada al poder en España de la socialdemocracia las relaciones han dado un giro radical encontrándose bajo mínimos, hasta el extremo de que seis meses después aún no ha habido ninguna visita oficial entre ambos. 

La nueva relación conflictiva e incluso de enemistad entre España e Italia se fundamenta en dos aspectos: la crisis migratoria mediterránea y el independentismo catalán. Respecto a la crisis migratoria tras su llegada al poder el nuevo gobierno italiano decidió cerrar sus puertos a los barcos de salvamento marítimo de las ONG al objeto de sellar el flujo migratorio africano que llega a la UE a través de las costas italianas. La medida ha tenido éxito porque ha aliviado el mismo, pero no lo ha suprimido desivándolo hacia España que está acogiendo a los barcos de las ONG abriendo sus puertos a los mismos enmedio de las burlas de Italia que ha logrado zafarse de un problema al coste de hundir su imagen exterior con actitudes no precisamente positivas. La acogida de los refugiados llegados en los barcos de salvamento martítimo de las ONG si bien no es ni mucho menos desbordante se une al refuerzo de la segunda vía migratoria africana europea históricamente trazada a través de Marruecos, desembocando en las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla como puerta de entrada a la Unión Europea. Esta confluencia supone el mismo riesgo de desestabilización política para España que supuso en su día para Italia, mostrando sus primeros signos en las recientes Elecciones autonómicas de Andalucía en las que el partido de extrema derecha Vox entró con fuerza en el parlamento andaluz convirtiéndose en el primer partido ultraderechista desde la muerte de Franco en 1975 en obtener representación parlamentaria en España. Vox ha logrado dicho hito propulsado por la potenciación de la vía migratoria africana hacia España, ganando incluso las elecciones en aquellas ciudades más afectadas por el fenómeno como El Ejido en Almería o Alcegiras en Cádiz. Y el Partido Popular, tras casi un cuarto de siglo gobernando en Ceuta y Melilla, teme poderosamente perder el control de las ciudades autónomas a manos de la nueva formación ultraderechista que en caso de reeditar y ampliar en las próximas Elecciones Municipales los éxitos alcanzados en las Elecciones andaluzas controlaría enclaves estratégicamente sensibles y relevantes en el Mediterráneo Occidental, exacerbando las tensiones ya existentes entre España y Marruecos en las Ciudades Autónomas y entre España y el Reino Unido por Gibraltar. En tal caso habría que ver si Vox gestionaría el flujo migratorio africano con la misma habilidad con la que lo ha gestionado el gobierno populista italiano de la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, pero por de pronto el contexto es mucho más arriesgado con dos enclaves europeos en territorio africano con Marruecos como vecino y un enclave británico, Gibraltar, rodeado de territorio español en plena incertidumbre sobre su futuro derivada de la incertidumbre actual relacionada con la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea. Por tanto Vox aparece como un potencial factor desestabilizador no ya de España sino del Mediterráneo Occidental, integrándose plenamente en el esquema europeo de extrema derecha capitaneado por el francés Frente Nacional y los italianos Liga Norte y Movimiento 5 Estrellas que ya ha intentado la desestabilización de Alemania mediante la radicalización de los regionalistas bávaros de la CSU, socios históricos de la CDU, y está intentando ahora la desestabilización de Francia alentando al movimiento social de los Chalecos Amarillos alcanzando grados insólitos y escandalosos de ingerencia externa. No parece que los intentos desestabilizadores francoalemanes vayan a tener éxito, por lo que la extrema derecha europea parece estar centrando sus esfuerzos en España para la que parece haber diseñado un gobierno ultraconservador idéntico al existente en Austria formado por los democristianos radicalizados del ÖVP y los ultraderechistas del FPÖ que en el caso español estaría formado por el PP, Ciudadanos y Vox.

Otro aspecto en las conflictivas relaciones entre España e Italia consiste en el independentismo catalán. Nacida inicialmente como movimiento separatista xenófobo de ultraderecha cuyo objetivo pasaba por la partición de Italia en dos paises, la Padania rica y norteña frente a la Italia sureña y pobre, la Liga Norte ha protagonizado una de las metamorfosis políticas más espectaculares de Occidente pasando de partido separatista a partido estatal manteniendo su naturaleza ultraderechista, pero sus afinidades con el nacionalismo catalán son indudables ya antes incluso de la mutación independentista operada por este último en 2012 siendo la respectiva actitud hacia la inmigración, abierta en el caso del independentismo catalán y cerrada en el caso de la LN, su única diferencia aunque comparten la misma mentalidad populista, demagoga y xenófoba que en el caso de la LN se proyecta externamente mientras que en el caso del independentismo catalán se proyecta internamente. La Liga Norte no ha cesado en ningún momento desde el inicio del desafío separatista en 2012 de alentar al separatismo catalán haciéndolo incluso en la campaña electoral que la llevó al poder el año pasado, pero el signo antagónico de los dos movimientos ultraderechistas españoles, el nacionalismo catalán de la Crida, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y las Candidatures d'Unitat Popular (CUP) y el nacionalismo español de Vox, derivado de sus incompatibles creencias nacionales inutilizan la pretendida arma italiana de desestabilización de doble filo contra España. O Vox o el independentismo catalán pero ambos a la vez es imposible. Tras su llegada al poder ni la LN ni muchisimo menos el M5S han utilizado al independentismo catalán contra España pero dicha posibilidad permanece encima de la mesa. Por ahora apuestan por la carta de Vox que podría darles unos resultados inauditos convirtiendose España en su único éxito desestabilizador

domingo, 20 de enero de 2019

Francia e Italia: de la rivalidad al antagonismo

Durante la cohabitación entre LREM y el PD Francia e
Italia no supieron colaborar para crear un eje latinomediterrano
en la UE alternativo a la hegemonía alemana 
A lo largo del último año hemos sido testigos de como Francia e Italia han sustituido la colaboración en sus relaciones por la competición primero y la rivalidad después. Si bien el Partido Demócrata (PD) italiano representó los orígenes ideológicos del europeismo transversal representado por La República En Marcha (LREM) de Enmanuel Macron, la realidad es que durante el año de convivencia que compartieron ambos gobiernos se estableció de todo menos la amistad y la colaboración por sus objetivos comunes teóricamente destinados a la construcción de una Unión Europea más abierta, avanzada y progresista. Durante 2017 y 2018 bajo los gobiernos de Enmanuel Macron y Paolo Gentiloni respectivamente Francia e Italia se lanzaron hacia una competencia feroz con el Mediterráneo y África como teatro de operaciones. En el Mediterráneo ambas potencias rivalizan por la hegemonía en la región, con el permiso de una Turquía que aún es incapaz de proyectar su poder más allá de sus aguas y una España que acepta pasivamente su papel secundario frente a Francia e Italia. Ambos paises deberían estar interesados en colaborar para asegurar la estabilidad en el Mediterráneo, mediante el establecimiento de regímenes democráticos estables y laicos pero la realidad es que actúan completamente por separado en Libia y Túnez, países claves no solo para la seguridad nacional de ambos sino de la Unión Europea en su conjunto. Así pues a nadie debería extrañar los resultados catastróficos de esta competición suicida en una Libia sumida en la anarquía y un Túnez extremadamente frágil. Dicha rivalidad también se hizo evidente en África cuando con motivo de la celebración de la última cumbre entre la Unión Europea y la Unión Africana cada uno se presentó en el continente africano por su lado, guardando sus respectivos intereses y con discursos absolutamente antagónicos pues mientras Enmanuel Macron viajó por África en clave europea y europeista en realidad Paolo Gentiloni viajó en clave absolutamente italiana con la petrolera ENI como punta de lanza de la proyección de poder italiano en África asegurándose para su país el suministro de petróleo. Pero ambos países no solo han rivalizado en el Mediterráneo y África olvidando su teórica colaboración ideológica en el seno de la UE frente al conservadurismo alemán de Ángela Merkel, sino que incluso han llegado a rivalizar dentro de sus propias fronteras cuando la empresa naval italiana Fincantieri, una de las puntas de lanza del tridente empresarial italiano junto con la petrolera ENI y la eléctrica ENEL, adquirió el astillero de la ciudad atlántica francesa de Saint Nazaire amenazando el recién llegado gobierno de Enmanuel Macron con su nacionalización para evitar su caída en manos italianas, alcanzándose finalmente un acuerdo en virtud del cuál el control del astillero se repartiría entre ambos países pero con Francia preservando el control mayoritario sobre el mismo. 

Durante el último año la anarquía libia que han sido incapaces de solucionar ambos paises supuso la afluencia de un masivo flujo de inmigrantes africanos que acabó desestabilizando políticamente a Italia trayendo un gobierno de extrema derecha al poder, formado por la antaño secesionista Liga Norte y el populista Movimiento Cinco Estrellas. Si la rivalidad se instaló en las relaciones entre Italia y Francia durante el último año de gobierno del PD esta ha sido sustituida por la enemistad, dado que el nuevo gobierno italiano no sólo posee una visión antagónica de Europa con respecto a Francia, sino que incluso ha tejido un vínculo continental centroeuropeo con todos aquellos países de carácter conservador o ultraderechista opuestos a la hegemonía francoalemana europea como Austria, Hungría, la República Checa y Polonia, llegando incluso momentáneamente a atraer al histórico socio regionalista bávaro de los democristianos alemanes, la CSU, hasta el extremo de hacer tambalear al gobierno de Ángela Merkel. Tanto la Liga Norte como el M5S pero especialmente la LN han puesto todas sus esperanzas en las próximas Elecciones Europeas para lograr hacerse con la hegemonía de unas instituciones europeas que ya no quieren abandonar sino ocupar. Pretenden lograrlo galvanizando a todo el electorado europeo de extrema derecha con la exaltación del antagonismo a Macron como icono contando para ello con la inestimable colaboración de la potente corriente ultraderechista francesa representada por el Frente Nacional de Marine Le Pen, llegando al extremo de inmiscuirse en los asuntos internos del país galo animando al movimiento rural de los chalecos amarillos en su lucha contra LREM. Si triunfan Italia no solo mantendrá sino incluso aumentará su influencia sobre la UE pero en un sentido dramáticamente distinto en el que ha venido ejerciendo históricamente dicha influencia, pero si pierden Italia no solo verá reducida dicha influencia sino incluso volatilizada deviniendo absolutamente irrelevante. Mientras tanto, en el Mediterráneo el nuevo gobierno italiano se ha mostrado tan incapaz como su antecesor frente a Libia terreno en el que Macron sigue sin avanzar, pero ha logrado reducir notablemente el impacto del flujo migratorio sobre Italia cerrando sus puertos a los barcos de salvamento marítimo de las ONG que tampoco han encontrado refugio en Francia. Con este logro la LN y el M5S lograrán convencer a los italianos de las bondades de sus políticas migratorias trazando un nuveo vínculo mediterráneo con el gobierno ultraconservador israelí de Benjamin Netanyahu pero... ¿convencerán a los europeos de que sus valores son mejores que los de Macron? 

viernes, 18 de enero de 2019

La estrategia exterior del nuevo gobierno populista italiano

El nuevo gobierno populista italiano de Luigi Di Maio
y Matteo Salvini ya ha demostrado sus prioridades externas 
Comprendida entre 2013 y 2018 con Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni como primeros ministros la etapa del Partido Demòcrata (PD) se cerró con una Italia dotada de una muy buena proyección global aprovechando sus recursos políticos, económicos o una mezcla de ambos para proyectar su prestigio sobre el Mediterráneo, Europa, Oriente Medio y América Latina. De este modo Italia culminó dicha etapa rivalizando con Francia por la hegemonía sobre el Mediterráneo, ejerciendo una influencia decisiva sobre la Unión Europea, ocupando importantes lugares en las instituciones europeas y controlando el mercado eléctrico en América Latina merced a ENEL

Tras la llegada al poder de la coalición populista formada por el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte ya se han podido observar los primeros rasgos de la nueva identidad exterior italiana así como las distintas proyecciones hacia el futuro que puede adquirir la misma. Libia, ex colonia italiana, sigue siendo la pieza más importante de la estrategia mundial italiana, pues de este país depende la seguridad nacional de Italia entendida en un doble sentido energético y social. Desde el punto de vista energético los importantes yacimientos petrolíferos existentes en el interior del país aseguran el funcionamiento de Italia, mientras que desde el punto de vista social al ser la puerta de salida del flujo migratorio africano hacia la Unión Europea (UE) el descontrol del mismo pone en peligro el orden social italiano. Tras más de cuatro décadas al frente del país la dictadura de Muamar El Gaddafi fue derrocada en 2011 tras una intervención militar de la OTAN apoyada por Italia pese a la condición de aliado preferente que tuvo Gaddafi para el entonces primer ministro Silvio Berlusconi, así como el eventual desarrollo de una transición democrática ajena a la estabilidad. Los peores presagios respecto al futuro de Libia acabaron por cumplirse y el país acabó sumido en la anarquía con una feroz guerra civil que provocó el descontrol del flujo migratorio africano, facilitando la llegada a Italia de una multitud desbordante de inmigrantes que acabó provocando el ascenso al poder del populismo representado por el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte. Ni Italia ni Francia ni por separado ni conjuntamente fueron ni son capaces tampoco ahora de poner fin a la guerra civil y a la anarquía libia, facilitando el establecimiento de una democracia estable en su flanco sur. Tampoco están siendo capaces de asegurar la democracia tunecina, uno de los escasos regímenes democráticos existentes en el mundo árabe, que fatigada por el terrorismo y la pobreza ha alcanzado milagrosamente su octavo año de vida. Pero sin embargo el nuevo gobierno italiano de extrema derecha sí está logrando controlar el flujo migratorio bajo otros métodos que no son la actuación directa sobre Libia o Túnez, como son el cierre de los puertos italianos a los barcos de las ONG dedicados al salvamiento marítimo, aliviando notablemente los efectos del mismo sobre el país mediante su desviación a España, país que ha abierto sus puertos a dichos barcos ante la inhibición de Francia. La reestricción del flujo migratorio africano con el correspondiente alivio de sus efectos sobre Italia se ha complementado con la definición de nuevos vínculos en el seno de la Unión Europea (UE) que han llevado a Italia a establecer una alianza continental europea con Austria y Hungría, alianza que el algún momento pareció hallar su complemento en la región alemana de Baviera con la radicalización identitaria episódica de los regionalistas democristianos de la CSU, y que de cara al futuro también podría albergar a Polonia y a República Checa formando un continuum continental que del Báltico al Mediterráneo une a los países europeos defensores de una política reestrictiva con respecto a la inmigración, pretendiendo determinar la estrategia de las instituciones europeas con respecto a la cuestión. El futuro de dicha alianza continental centroeuropea capitaneada por Italia dependerá del resultado de las próximas Elecciones Europeas y de la subsiguiente Comisión Europea, en la que Italia podría mantener o incluso aumentar su influencia sobre las instituciones europeas o bien verla disminuida e incluso desaparecer.

El Mediterráneo es el ámbito en el que Italia ejerce una mayor influencia y proyección de su poder disputándose su hegemonía con Francia país en el que si antes veía un rival ahora ve un enemigo tras la llegada al poder del actual gobierno de extrema derecha. En este ámbito dicho gobierno ha definido un vínculo con el gobierno ultraconservador de Israel presidido por Benjamin Netanyahu afín a su ideología. Mientras tanto, Italia también ha decidido dar una dimensión política a su proyección de poder en América Latina, puramente económica hasta la fecha derivada de su hegemonía sobre el mercado eléctrico iberoamericano tras la adquisición de la española Endesa por Enel, estableciendo una alianza latina con el nuevo presidente brasileño Jaír Bolsonaro de extrema derecha como el gobierno de Matteo Salvini y Luigi Di Maio. De esta manera la estrategia exterior del nuevo gobierno italiano de ultraderecha conformado por el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte presenta tres rasgos fundamentales: alianza continental en Europa, vínculo mediterráneo con Israel y vínculo latino con Bolsonaro






miércoles, 16 de enero de 2019

Israel penetra en América Latina

El vínculo entre Bolsonaro y Netanyahu inaugura la
penetración de Israel en América Latina 
Uno de los rasgos identitarios de la izquierda y en especial de la extrema izquierda a lo largo del último tercio del siglo XX así como en la actualidad ha sido y es el antisemitismo expresado en forma de odio hacia el estado de Israel y apoyo velado o explícito, caso último de la extrema izquierda, hacia los grupos terroristas islamistas que pretenden causar su destrucción. Pero sin embargo el antisemitismo ni ha sido un fenómeno novedoso ni exclusivo de la izquierda y la extrema izquierda pues durante la primera mitad del siglo XX fue un fenómeno propio de la derecha y la extrema derecha, expresado más como odio hacia los judíos que como odio hacia un estado de Israel que por aquél entonces aún no existía. Actualmente las cosas han cambiado un tanto pues el antisemitismo pervive en la extrema derecha de la Europa del Este como un fenómeno étnico, pero sin embargo ha desaparecido en la extrema derecha de Europa Occidental que incluso ha hecho de la defensa de Israel uno de sus principales rasgos como contraposición a la mencionada actitud antisemita de la izquierda. Ello explica claramente la actitud sionista del nuevo presidente de Brasil, el ultraderechista Jaír Bolsonaro, quien rompiendo los tópicos de su xenofobia es claramente cómplice con la histórica e importante comunidad judía brasileña dado el carácter acaudalado de la misma que la diferencia claramente en su trato deferencial con respecto hacia otros colectivos de inmigrantes a quienes desprecia por su falta de recursos materiales. 

La hegemonía histórica de la izquierda y la extrema izquierda sobre América Latina habían hecho de esta región global un territorio vedado para Israel. Buena prueba de ello es que hasta el viaje de Benjamin Netanyahu para asistir a la toma de posesión de Bolsonaro ningún dirigente israelí había visitado nunca Brasil en los setenta años de historia de Israel. Por eso la llegada al poder de Jaír Bolsonaro simboliza un cambio histórico en relación con la actitud de América Latina hacia Israel, completamente influenciada por las obsesiones de la izquierda posmoderna. Si bien el vínculo entre Bolsonaro y Netanyahu representa la estrecha relación entre dos dirigentes mundiales de talante ultraconservador o incluso ultraderechista, la realidad es que supone la apertura de todo un mundo de ventajas políticas y económicas hasta ahora ignoto para la proyección global de un país, Israel, del que poco conocemos sobre sus intereses mundiales más allá de sus influencias y capacidades sobre la región de Oriente Medio en la que se halla ubicado. La llegada al poder de Bolsonaro en Brasil representa el reflujo de una marea izquierdista que antes de su victoria ya empezó a manifestarse en otros lugares de la región, abriendo paso a los intereses israelíes. Pero el primero en abrir camino fue Donald Trump quien tras su llegada al poder anunció el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, definiendo un claro vínculo con Netanyahu que había sido olvidado por su antecesor Barack Obama. Y en medio de las críticas azuzadas por los medios de comunicación convencionales y la academia Trump aseveró que habría más países que seguirían los pasos de Estados Unidos. Y así fue porque al poco tiempo reconocieron a Jerusalén como capital de Israel el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, y el de Honduras, Juan Orlando Hernández quienes acabaron anticipándose a Jaír Bolsonaro que ha hecho de Brasil uno de los aliados preferenciales de Israel y a Israel uno de los aliados preferenciales de Brasil junto a Italia

martes, 15 de enero de 2019

Repercusiones mundiales de la llegada al poder de Jair Bolsonaro

La llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro
está teniendo repercusiones regionales y mundiales
La llegada al poder de la extrema derecha a Brasil representada por Jaír Bolsonaro ya ha manifestado sus primeras repercusiones tanto internamente como externamente. Internamente el ascenso al poder de Bolsonaro representa el regreso al poder de la oligarquía que dominó el país durante la Dictadura comprendida entre 1964 y 1985 formada por los terratenientes y los militares esencialmente, pero a diferencia de entonces su regreso ha tenido lugar por la vía democrática y con el apoyo de unas clases medias y bajas asustadas por los devastadores efectos de la corrupción y el crimen organizado combinados con la ignorancia. Entonces esas mismas clases que hace cincuenta años gobernaron Brasil desde la dictadura ahora pueden ejercer su dominio desde el marco democrático tal y como ya reconoció Geisel, uno de los presidentes del período dictatorial, en 1993 cuando afirmó ya entonces que otra dictadura militar era improbable además de tildar de ridículo al entonces diputado y ex capitán del Ejército Jaír Bolsonaro. Por tanto, Bolsonaro es un militar que llega al poder democráticamente como colofón tras una larga carrera política. 

Y sin embargo Bolsonaro no supone ninguna ruptura política en Brasil pues quien protagonizó la ruptura fue su antecesor, el centrista Michel Temer, quien como vicepresidente impulsó el proceso de destitución de su antecesora, la izquierdista Dilma Roussef quien a su vez sucedió al carismático Luis Inácio Lula Da Silva conformando ambos bajo la leyenda del Partido de los Trabajadores (PT) un período de una década de hegemonía izquierdista en América Latina. Actualmente Lula permanece preso por la corrupción que acabó con la hegemonía del PT, pero de haber permanecido libre sería él y no Bolsonaro quien ejercería la presidencia pues dado el carácter de ignorantes que poseen comparten la misma base social. La llegada de Bolsonaro al poder certifica el fin de la hegemonía izquierdista en América Latina sustentada en el bolivarianismo venezolano, el lulismo brasileño y el peronismo argentino bebiendo de las fuentes históricas del castrismo cubano y el sandinismo nicaraguense. Ahora todo el continente ha girado a la derecha tras la llegada al poder del liberal Mauricio Macri en Argentina y el conservador Sebastián Piñera en Chile, acompañados por el caso extremo del brasileño Bolsonaro quien con todo el potencial estratégico de Brasil a sus espaldas marcará el asedio definitivo a la Venezuela de Nicolás Maduro, ofreciendo a la OTAN y a los países iberoamericanos que eventualmente formarían parte de una coalición bases militares inmejorables para llevar a cabo una intervención militar contra el régimen bolivariano de duración relativamente breve (otro asunto sería la posguerra con una democracia extremadamente débil y un bolivarianismo convertido en una guerrilla extremadamente eficaz, perpetuando un conflicto interno por décadas como ha sucedido en Colombia por cincuenta años con el marxismo insurgente de las FARC y el ELN enfrentado a su réplica ultraderechista de las AUC

A nivel global la llegada al poder de la extrema derecha de Bolsonaro supondrá un refuerzo especial del vínculo con Estados Unidos, una asociación que augura un papel clave para finalizar con el régimen bolivariano de Venezuela, así como con otros exponentes conservadores u ultraderechistas existentes actualmente en la escena mundial destacando especialmente los casos de Israel e Italia con quien en los primeros compases de su mandato Bolsonaro parece haber establecido un vínculo especial. Benjamin Netanyahu viajó especialmente desde Israel para asistir a la toma de posesión de Bolsonaro convirtièndose en el primer mandatario israelí que visitaba el país carioca, a cuyo gesto correspondió Bolsonaro, quien rompiendo con el tópico antisemita de la ultraderecha no es tal dado el potencial económico de los judíos brasileños, con el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel esperándose su pronta visita al país hebreo con motivo de la inauguración de la nueva emabajada en la capital israelí. Por otra parte la Italia populista de extrema derecha gobernada por el dúo Salvini - Di Maio se está destacando como uno de los aliados más importantes del Brasil de Bolsonaro dándose lugar a una especie de vínculo latino entre ambos países que pese a la existencia de una importante colonia de italobrasileños residiendo en ambos países jamás había tenido traducción política. La inasistencia de una representación política de máximo nivel a la toma de posesión de Bolsonaro enfriaba las expectativas del vínculo latino italobrasileño que pudieron generarse en un primer momento, pero en este caso fue Bolsonaro quien hizo el gesto inicial extraditando al terrorista de extrema izquierda Cesare Battisti que Italia venía reclamando por medio mundo desde hacía cuarenta años. Matteo Salvini ha agradecido notablemente el gesto elevando a Brasil a la categoría de aliado preferencial italiano: ambos países ya están buscando fecha en sus respectivas agendas para solemnizar la inauguración del nuevo vínculo latino. 




Portugal: reserva espiritual de Occidente

El secretario general de la ONU António Guterres
simboliza la relevancia espiritual de Portugal 
Portugal se encuentra en la cima de su prestigio internacional: múltiples organismos internacionales están presididos por portugueses. Inauguró la ola portuguesa internacional quién fue primer ministro entre 2002 y 2004, el liberal José Manuel Durao Barroso, que presidió la Comisión Europea durante una década. Entretanto su predecesor, el socialista António Guterres, dirigió la ACNUR, el organismo de Naciones Unidas de ayuda a los Refugiados entre 2005 y 2015 como paso previo a su elección como Secretario General de la ONU en 2015. Esta nómina de personalidades portuguesas al frente de organismos internacionales se completa con los también socialistas Vítor Constáncio ejerciendo de vicepresidente del Banco Europeo entre 2010 y 2015, Mário Centeno como presidente del Eurogrupo, agrupación que reúne a los ministros de Economía de la Unión Europea, y António Vitorino como presidente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). De este modo a lo largo de la última década un total de cinco portugueses, todos ellos socialistas salvo Durao Barroso, han estado o están al frente de organizaciones internacionales resaltando el prestigio internacional del que goza actualmente Portugal. Queda ya muy lejos la etapa de la dictadura de Salazar cuando el país era continuamente denunciado ante la ONU por su colonialismo convirtiéndose actualmente en uno de los mayores y mejores representantes de los valores del orden mundial socioliberal instaurado en 1945 tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial. ¿Quién hubiera sido capaz de decir entonces que el Portugal salazarista que ni siquiera fue miembro fundador de la ONU se convertiría setenta años después en una de las democracias más abiertas y avanzadas del mundo? 

El Presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.
representa la única sombra sobre el prestigio mundial
del que hoy disfruta Portugal 
En una Unión Europea purgada por las demagogias izquierdistas y derechistas, su vecina España es el perfecto paradigma populista tal y como aparece lastrada por múltiples demagogias, Portugal brilla como prácticamente el único país europeo, sin olvidar a Suiza, representante de los valores que alumbraron el presente orden mundial progresista y civilizado hace setenta años tarea en la que a nivel global está acompañado por Uruguay, Costa Rica, Nueva Zelanda o Canadá. Y es que desprovista de demagogias y encontrándose en el momento más elevado de su trayectoria desde el derrocamiento de la dictadura postsalazarista en 1974 la avanzada y plena democracia portuguesa parece haberse conformado con su dimensión de país pequeño limitando su estrategia mundial a ejercer una poderosa influencia espiritual como representante de los valores progresistas y civilizados que alumbraron al mundo en 1945 tras la larga noche de la II Guerra Mundial. Unos valores que pese a su longevidad muchos quieren poner en cuestión por todas partes autoproclamándose representantes de un falso progreso como es el caso del ultraderechista brasileño Jaír Bolsonaro, frente al que el presente Portugal está en condiciones de imponer la moralidad de su liderazgo sobre la lusofonía pese al enorme peso estratégico de un Brasil que en otros momentos estuvo en condiciones de utilizar su enorme potencial para erigirse como paradigma mundial de los valores que hoy tan ejemplar y modestamente representa Portugal: prestigio luso cuya única sombra parece ser su propio Presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, quién fiel a su diplomacia lusófona no puede dejar de quedar bien con otros regímenes lusófonos como Brasil o Angola que representan precisamente lo opuesto que Portugal

lunes, 14 de enero de 2019

Andrés Manuel López Obrador: la sensatez y discreccion del reformismo mexicano

La discrección y sensatez exhibida por el nuevo presidente
mexicano Andres Manuel López Obrador contrasta abiertamente
con la grave polarización que vive América Latina 
Hace apenas mes y medio Andrés Manuel López Obrador tomó posesión de su cargo como nuevo presidente de México. A lo largo de este breve período ha empezado a dar los primeros signos de su mandato caracterizándose por unos inicios serios, sensatos y discretos que contrastan abiertamente con la polarización en la que está sumida toda América Latina entre el reaccionarismo representado por el nuevo mandatario brasileño Jair Bolsonaro y la revolución representada por Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y Miguel Díaz Canel en Cuba. Nada nuevo en realidad pues no deja de ser la clásica polarización que ha experimentado América Latina desde la Guerra Fría entre el revolucionarismo afín a la URSS y el reaccionarismo afín a Estados Unidos, sin dejar apenas espacio a un reformismo de corte europeo cuyos experimentos fracasaron históricamente linchados desde unos Estados Unidos que ya fuera bajo signo demócrata o republicano siempre vio comunismo en cualquier tipo de fórmula original y novedosa. Sin embargo estos inicios plácidos y ejemplares del mandato de Andrés Manuel López Obrador pronto podrían verse alterados precisamente por culpa de Estados Unidos, pues allí Donald Trump está obsesionado en construir durante su mandato el muro fronterizo iniciado por Bill Clinton durante la última década del siglo XX. Sin embargo, pese a que fue un presidente de signo demócrata el partido Demócrata actual tras hacerse con el control de la Cámara de Representantes no está dispuesto a autorizar la partida presupuestaria que Trump pide para el muro iniciándose el presente año sin presupuestos. No es un hecho insólito, pues durante los últimos compases de la presidencia demócrata de Barack Obama ya sucedió lo mismo pero el bloqueo presupuestario tuvo una duración mucho menor. Trump insiste en culminar un muro que no inició él y que sin embargo es necesario, puesto que con unos 3.000 kilómetros de longitud la frontera entre Estados Unidos y México es una de las de mayot longitud del planeta, siendo actualmente un auténtico coladero para la inmigración ilegal y el crímen organizado que vinculado a la droga está devastando México y la región de Centroamérica además de generar unos niveles de drogodependencia insólitos en el interior de Estados Unidos. Así pues los Demòcratas no están dispuestos a dar su brazo a torcer y Trump amenaza con proclamar el Estado de Emergencia en la frontera con México para poder culminar el muro disponiendo para ello de los fondos previstos para tales situaciones. Hasta el momento el silencio (y la sangre fría) de AMLO han sido absolutos al respecto, con lo cuál su reacción cuando Trump decida optar por la vía de hecho representa un auténtico misterio. 



El regreso de la Hispanidad: el concepto de Hispanidad en Pablo Casado y Miguel Ángel Revilla

Pablo Iglesias ha recuperado la Hispanofobia como
expresión de rechazo hacia la identidad constitucional
española 
La Hispanidad ha regresado al debate intelectual español. Dicho regreso ha sido motivado por la endofobia defendida por la extrema izquierda occidental, representada en España por Podemos, que recogiendo la tradición histórica hispanófoba alimentada por los países protestantes de raíz anglosajona y desde un indigenismo novedoso rechaza la Hispanidad por considerarla responsable del genocidio contra la población india, cuando en realidad es un discurso creado para tapar la coresponsabilidad de Francia, Reino Unido y Holanda en dicho genocidio resultado del colonialismo primero y el genocidio cometido por Estados Unidos contra su propia población india fruto de la colonización europea de su territorio, principalmente de ingleses e irlandeses, después. Así pues la Hispanofobia, popularmente conocida en España como Leyenda negra, sitúa sus orígenes en la Edad Moderna cuando durante los siglos XVI y XVII España ostentó la hegemonía mundial en un contexto de Guerra de Religión consistente en la escisión en el seno del Cristianismo entre el catolicismo del que España fue el principal estandarte flanqueando al Vaticano y el protestantismo, nacido del monje alemán Martín Lutero del que Reino Unido y Holanda fueron los principales representantes. La preeminencia española en su doble condición de potencia hegemónica global y representante del catolicismo se sitúa en el orígen de una Leyenda Negra que el devenir de la historia y la pérdida de la condición hegemónica global no apagaron sino que reactualizaron sucesivamente bajo la forma de doble espejo reflector; por su lado exterior de diferencias socioculturales fundamentales y por su lado interior de odios hacia la identidad española mayoritaria consagrada actualmente en el artículo 1 de la Constitución de 1978. Así pues en pleno siglo XXI la Hispanofobia en su vertiente exterior ha acabado deviniendo un instrumento de la extrema izquierda esadounidense recalentado desde determinadas universidades bajo la forma del indigenismo, teoría compartida por distintos regímenes Iberoamericanos como el bolivarianismo venezolano de Nicolás Maduro o el indigenismo bolivariano de Evo Morales como expresión de un antioccidentalismo incorporado interiormente por la extrema izquierda antioccidental española de Podemos y por el independenismo catalán de la Crida, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y las Candidatures d'Unitat Popular (CUP), discurso al que también se apuntan el independentismo vasco de Bildu, el independentismo gallego del Bloque Nacionalista Gallego (BNG) y el nacionalismo anglófono gibraltareño.

Bajo el liderazgo de Pablo Casado el PP ha recuperado
un discurso rancio y nostálgico de la Hispanidad 
Ante esta renacer de la Leyenda Negra cocinado como hemos dicho en las facultades estadounidenses bajo la denominación de Indigenismo e incorporado por la extrema izquierda española y antiespañola se ha producido un resurgir en España de la Hispanidad concepto que ha vuelto a formar parte de nuestro debate intelectual tras una gran ausencia. El resurgir español de la Hispanidad presenta una doble modalidad que enfrenta las visiones nostálgica y nacionalista del Partido Popular (PP), representado por Pablo Casado, y la visión cívica y cooperativa exhibida por el regionalismo cántabro representado por Miguel Ángel Revilla. La primera visión representada por Pablo Casado es una visión puramente reaccionaria de carácter nostálgico, patriótico y al fin estéril pues carece de recorrido ni de eco más allá de su exhibición en mítines al objeto de unir al electorado de la formación conservadora alrededor de determinados iconos, mientras que la visión representada por Miguel Ángel Revilla presenta un claro valor práctico desprovisto de mitificaciones nostálgicas para hacer valer en el mundo el peso de la civilización hispánica en base a la unión de todos los pueblos que comparten una herencia y unas características comunes. Revilla propone que España y México compartan el liderazgo de ese resurgir de la Hispanidad en base a una concepción moderna, abierta, cívica e integradora de la misma. En el marco de esa propuesta el presidente cántabro ha buscado establecer un vínculo especial con el flamante presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quién tuvo la deferencia de invitarle a su toma de posesión hace un mes y medio, ocupando un papel preferente en la delegación española encabezada por Felipe VI por ser el único presidente regional español presente en un acto de tamaña relevancia dada la magnitud de los intereses españoles en México.

El presidente regional de Cantabria, Miguel Ángel
Revilla, propone una Hispanidad cívica, moderna y abierta
bajo el liderazgo hispanomexicano 
La propuesta de Hispanidad formulada por Pablo Casado parece no tener un largo recorrido dado su oportunismo y falta de visión estratégica, pero en cambio la propuesta de Miguel Ángel Revilla sí parece contar con recorrido. Habrá que esperar para ver sí acaba por adquirir consistencia concretándose, pero a diferencia del concepto de Hispanidad formulado por el PP no parece estar animada por el electoralismo. En realidad sigue la estela de la hispanidad democrática inaugurada en 1976 tras la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España cuando con motivo del primer viaje de un soberano español a América Latina dibujó en el horizonte la creación de una Comunidad Iberoamericana de Naciones que se materializó 15 años más tarde bajo la cooperación entre España y México para dar lugar a la Secretaría General Iberoamericana con sede en Madrid. Una concepción moderna y democrática de la Hispanidad que dejó atrás el colonialismo y la nostalgia para apostar por la pluralidad, la modernidad y la colaboración. Tras una década fecunda de esperanza y alegría la Hispanidad entró en declive con los inicios del nuevo siglo bajo el signo del falso bolivarianismo venezolano representado primero por Hugo Chávez y luego por Nicolás Maduro que acabó abriendo la puerta a varios regímenes populistas que bajo el signo de lo aparientemente nuevo como el Indigenismo en realidad acabaron regresando a un pasado que para ciertos descendientes de los colonizados y los colonizadores aún no parece superado bajo la exaltación del resentimiento y la nostalgia respectivamente. Bajo el signo del bolivarianismo la Cumbre Iberoamericana pasó de celebrarse anualmente a celebrarse bianualmente. Sin embargo ahora parece existir quién en los dos países fundadores de la hispanidad contemporánea, España y México, pretende relanzar dicho espíritu originario. Aún no se sabe cómo pero la intención existe: el tiempo traerá la solución...