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| La llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro está teniendo repercusiones regionales y mundiales |
Y sin embargo Bolsonaro no supone ninguna ruptura política en Brasil pues quien protagonizó la ruptura fue su antecesor, el centrista Michel Temer, quien como vicepresidente impulsó el proceso de destitución de su antecesora, la izquierdista Dilma Roussef quien a su vez sucedió al carismático Luis Inácio Lula Da Silva conformando ambos bajo la leyenda del Partido de los Trabajadores (PT) un período de una década de hegemonía izquierdista en América Latina. Actualmente Lula permanece preso por la corrupción que acabó con la hegemonía del PT, pero de haber permanecido libre sería él y no Bolsonaro quien ejercería la presidencia pues dado el carácter de ignorantes que poseen comparten la misma base social. La llegada de Bolsonaro al poder certifica el fin de la hegemonía izquierdista en América Latina sustentada en el bolivarianismo venezolano, el lulismo brasileño y el peronismo argentino bebiendo de las fuentes históricas del castrismo cubano y el sandinismo nicaraguense. Ahora todo el continente ha girado a la derecha tras la llegada al poder del liberal Mauricio Macri en Argentina y el conservador Sebastián Piñera en Chile, acompañados por el caso extremo del brasileño Bolsonaro quien con todo el potencial estratégico de Brasil a sus espaldas marcará el asedio definitivo a la Venezuela de Nicolás Maduro, ofreciendo a la OTAN y a los países iberoamericanos que eventualmente formarían parte de una coalición bases militares inmejorables para llevar a cabo una intervención militar contra el régimen bolivariano de duración relativamente breve (otro asunto sería la posguerra con una democracia extremadamente débil y un bolivarianismo convertido en una guerrilla extremadamente eficaz, perpetuando un conflicto interno por décadas como ha sucedido en Colombia por cincuenta años con el marxismo insurgente de las FARC y el ELN enfrentado a su réplica ultraderechista de las AUC)
A nivel global la llegada al poder de la extrema derecha de Bolsonaro supondrá un refuerzo especial del vínculo con Estados Unidos, una asociación que augura un papel clave para finalizar con el régimen bolivariano de Venezuela, así como con otros exponentes conservadores u ultraderechistas existentes actualmente en la escena mundial destacando especialmente los casos de Israel e Italia con quien en los primeros compases de su mandato Bolsonaro parece haber establecido un vínculo especial. Benjamin Netanyahu viajó especialmente desde Israel para asistir a la toma de posesión de Bolsonaro convirtièndose en el primer mandatario israelí que visitaba el país carioca, a cuyo gesto correspondió Bolsonaro, quien rompiendo con el tópico antisemita de la ultraderecha no es tal dado el potencial económico de los judíos brasileños, con el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel esperándose su pronta visita al país hebreo con motivo de la inauguración de la nueva emabajada en la capital israelí. Por otra parte la Italia populista de extrema derecha gobernada por el dúo Salvini - Di Maio se está destacando como uno de los aliados más importantes del Brasil de Bolsonaro dándose lugar a una especie de vínculo latino entre ambos países que pese a la existencia de una importante colonia de italobrasileños residiendo en ambos países jamás había tenido traducción política. La inasistencia de una representación política de máximo nivel a la toma de posesión de Bolsonaro enfriaba las expectativas del vínculo latino italobrasileño que pudieron generarse en un primer momento, pero en este caso fue Bolsonaro quien hizo el gesto inicial extraditando al terrorista de extrema izquierda Cesare Battisti que Italia venía reclamando por medio mundo desde hacía cuarenta años. Matteo Salvini ha agradecido notablemente el gesto elevando a Brasil a la categoría de aliado preferencial italiano: ambos países ya están buscando fecha en sus respectivas agendas para solemnizar la inauguración del nuevo vínculo latino.

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