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Durante la cohabitación entre LREM y el PD Francia e Italia no supieron colaborar para crear un eje latinomediterrano en la UE alternativo a la hegemonía alemana |
A lo largo del último año hemos sido testigos de como
Francia e
Italia han sustituido la
colaboración en sus relaciones por la
competición primero y la
rivalidad después. Si bien el
Partido Demócrata (PD) italiano representó los
orígenes ideológicos del
europeismo transversal representado por
La República En Marcha (LREM) de
Enmanuel Macron, la realidad es que durante el año de convivencia que compartieron ambos gobiernos se estableció de todo menos la amistad y la colaboración por sus
objetivos comunes teóricamente destinados a la
construcción de una
Unión Europea más abierta, avanzada y progresista. Durante
2017 y
2018 bajo los gobiernos de
Enmanuel Macron y
Paolo Gentiloni respectivamente
Francia e
Italia se lanzaron hacia una
competencia feroz con el
Mediterráneo y
África como
teatro de operaciones. En el
Mediterráneo ambas potencias rivalizan por la
hegemonía en la región, con el permiso de una
Turquía que aún es
incapaz de
proyectar su poder más allá de sus aguas y una
España que
acepta pasivamente su
papel secundario frente a
Francia e
Italia. Ambos paises deberían estar interesados en
colaborar para
asegurar la estabilidad en el
Mediterráneo, mediante el establecimiento de
regímenes democráticos estables y laicos pero la realidad es que
actúan completamente por separado en
Libia y
Túnez,
países claves no solo para la
seguridad nacional de ambos sino de la
Unión Europea en su conjunto. Así pues a nadie debería extrañar los resultados catastróficos de esta competición suicida en una
Libia sumida en la
anarquía y un
Túnez extremadamente
frágil. Dicha rivalidad también se hizo evidente en
África cuando con motivo de la
celebración de la
última cumbre entre la
Unión Europea y la
Unión Africana cada uno se presentó en el continente africano por su lado, guardando sus respectivos intereses y con
discursos absolutamente antagónicos pues mientras
Enmanuel Macron viajó por África en
clave europea y europeista en realidad
Paolo Gentiloni viajó en clave absolutamente italiana con la petrolera
ENI como
punta de lanza de la
proyección de poder italiano en África asegurándose para su país el
suministro de petróleo. Pero ambos países no solo han
rivalizado en el
Mediterráneo y
África olvidando su
teórica colaboración ideológica en el seno de la UE frente al
conservadurismo alemán de
Ángela Merkel, sino que incluso han llegado a
rivalizar dentro de sus propias fronteras cuando la
empresa naval italiana Fincantieri, una de las
puntas de lanza del
tridente empresarial italiano junto con la
petrolera ENI y la
eléctrica ENEL, adquirió el
astillero de la
ciudad atlántica francesa de
Saint Nazaire amenazando el recién llegado gobierno de
Enmanuel Macron con su
nacionalización para evitar su caída en manos italianas, alcanzándose finalmente un acuerdo en virtud del cuál el control del astillero se repartiría entre ambos países pero con
Francia preservando el control mayoritario sobre el mismo.
Durante el último año la anarquía libia que han sido incapaces de solucionar ambos paises supuso la afluencia de un masivo flujo de inmigrantes africanos que acabó desestabilizando políticamente a Italia trayendo un gobierno de extrema derecha al poder, formado por la antaño secesionista Liga Norte y el populista Movimiento Cinco Estrellas. Si la rivalidad se instaló en las relaciones entre Italia y Francia durante el último año de gobierno del PD esta ha sido sustituida por la enemistad, dado que el nuevo gobierno italiano no sólo posee una visión antagónica de Europa con respecto a Francia, sino que incluso ha tejido un vínculo continental centroeuropeo con todos aquellos países de carácter conservador o ultraderechista opuestos a la hegemonía francoalemana europea como Austria, Hungría, la República Checa y Polonia, llegando incluso momentáneamente a atraer al histórico socio regionalista bávaro de los democristianos alemanes, la CSU, hasta el extremo de hacer tambalear al gobierno de Ángela Merkel. Tanto la Liga Norte como el M5S pero especialmente la LN han puesto todas sus esperanzas en las próximas Elecciones Europeas para lograr hacerse con la hegemonía de unas instituciones europeas que ya no quieren abandonar sino ocupar. Pretenden lograrlo galvanizando a todo el electorado europeo de extrema derecha con la exaltación del antagonismo a Macron como icono contando para ello con la inestimable colaboración de la potente corriente ultraderechista francesa representada por el Frente Nacional de Marine Le Pen, llegando al extremo de inmiscuirse en los asuntos internos del país galo animando al movimiento rural de los chalecos amarillos en su lucha contra LREM. Si triunfan Italia no solo mantendrá sino incluso aumentará su influencia sobre la UE pero en un sentido dramáticamente distinto en el que ha venido ejerciendo históricamente dicha influencia, pero si pierden Italia no solo verá reducida dicha influencia sino incluso volatilizada deviniendo absolutamente irrelevante. Mientras tanto, en el Mediterráneo el nuevo gobierno italiano se ha mostrado tan incapaz como su antecesor frente a Libia terreno en el que Macron sigue sin avanzar, pero ha logrado reducir notablemente el impacto del flujo migratorio sobre Italia cerrando sus puertos a los barcos de salvamento marítimo de las ONG que tampoco han encontrado refugio en Francia. Con este logro la LN y el M5S lograrán convencer a los italianos de las bondades de sus políticas migratorias trazando un nuveo vínculo mediterráneo con el gobierno ultraconservador israelí de Benjamin Netanyahu pero... ¿convencerán a los europeos de que sus valores son mejores que los de Macron?
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