martes, 15 de enero de 2019

Portugal: reserva espiritual de Occidente

El secretario general de la ONU António Guterres
simboliza la relevancia espiritual de Portugal 
Portugal se encuentra en la cima de su prestigio internacional: múltiples organismos internacionales están presididos por portugueses. Inauguró la ola portuguesa internacional quién fue primer ministro entre 2002 y 2004, el liberal José Manuel Durao Barroso, que presidió la Comisión Europea durante una década. Entretanto su predecesor, el socialista António Guterres, dirigió la ACNUR, el organismo de Naciones Unidas de ayuda a los Refugiados entre 2005 y 2015 como paso previo a su elección como Secretario General de la ONU en 2015. Esta nómina de personalidades portuguesas al frente de organismos internacionales se completa con los también socialistas Vítor Constáncio ejerciendo de vicepresidente del Banco Europeo entre 2010 y 2015, Mário Centeno como presidente del Eurogrupo, agrupación que reúne a los ministros de Economía de la Unión Europea, y António Vitorino como presidente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). De este modo a lo largo de la última década un total de cinco portugueses, todos ellos socialistas salvo Durao Barroso, han estado o están al frente de organizaciones internacionales resaltando el prestigio internacional del que goza actualmente Portugal. Queda ya muy lejos la etapa de la dictadura de Salazar cuando el país era continuamente denunciado ante la ONU por su colonialismo convirtiéndose actualmente en uno de los mayores y mejores representantes de los valores del orden mundial socioliberal instaurado en 1945 tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial. ¿Quién hubiera sido capaz de decir entonces que el Portugal salazarista que ni siquiera fue miembro fundador de la ONU se convertiría setenta años después en una de las democracias más abiertas y avanzadas del mundo? 

El Presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.
representa la única sombra sobre el prestigio mundial
del que hoy disfruta Portugal 
En una Unión Europea purgada por las demagogias izquierdistas y derechistas, su vecina España es el perfecto paradigma populista tal y como aparece lastrada por múltiples demagogias, Portugal brilla como prácticamente el único país europeo, sin olvidar a Suiza, representante de los valores que alumbraron el presente orden mundial progresista y civilizado hace setenta años tarea en la que a nivel global está acompañado por Uruguay, Costa Rica, Nueva Zelanda o Canadá. Y es que desprovista de demagogias y encontrándose en el momento más elevado de su trayectoria desde el derrocamiento de la dictadura postsalazarista en 1974 la avanzada y plena democracia portuguesa parece haberse conformado con su dimensión de país pequeño limitando su estrategia mundial a ejercer una poderosa influencia espiritual como representante de los valores progresistas y civilizados que alumbraron al mundo en 1945 tras la larga noche de la II Guerra Mundial. Unos valores que pese a su longevidad muchos quieren poner en cuestión por todas partes autoproclamándose representantes de un falso progreso como es el caso del ultraderechista brasileño Jaír Bolsonaro, frente al que el presente Portugal está en condiciones de imponer la moralidad de su liderazgo sobre la lusofonía pese al enorme peso estratégico de un Brasil que en otros momentos estuvo en condiciones de utilizar su enorme potencial para erigirse como paradigma mundial de los valores que hoy tan ejemplar y modestamente representa Portugal: prestigio luso cuya única sombra parece ser su propio Presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, quién fiel a su diplomacia lusófona no puede dejar de quedar bien con otros regímenes lusófonos como Brasil o Angola que representan precisamente lo opuesto que Portugal

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