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El secretario general de la ONU António Guterres simboliza la relevancia espiritual de Portugal |
Portugal se encuentra en la
cima de su
prestigio internacional: múltiples organismos internacionales están presididos por portugueses. Inauguró la ola portuguesa internacional quién fue primer ministro entre 2002 y 2004, el liberal
José Manuel Durao Barroso, que presidió la
Comisión Europea durante una década. Entretanto su predecesor, el socialista
António Guterres, dirigió la
ACNUR, el organismo de
Naciones Unidas de ayuda a los
Refugiados entre 2005 y 2015 como paso previo a su elección como
Secretario General de la ONU en 2015. Esta nómina de personalidades portuguesas al frente de organismos internacionales se completa con los también socialistas
Vítor Constáncio ejerciendo de
vicepresidente del Banco Europeo entre 2010 y 2015,
Mário Centeno como
presidente del Eurogrupo, agrupación que reúne a los
ministros de Economía de la
Unión Europea, y
António Vitorino como
presidente de la
Organización Internacional para las Migraciones (OIM). De este modo a lo largo de la última década un total de
cinco portugueses, todos ellos socialistas salvo
Durao Barroso, han estado o están al frente de
organizaciones internacionales resaltando el
prestigio internacional del que goza actualmente Portugal. Queda ya muy lejos la etapa de la
dictadura de Salazar cuando el país era
continuamente denunciado ante la ONU por su colonialismo convirtiéndose actualmente en uno de los mayores y mejores representantes de los valores del orden mundial socioliberal instaurado en 1945 tras la
victoria aliada en la
II Guerra Mundial. ¿Quién hubiera sido capaz de decir entonces que el Portugal salazarista que ni siquiera fue miembro fundador de la ONU se convertiría setenta años después en una de las
democracias más abiertas y avanzadas del mundo?
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El Presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa. representa la única sombra sobre el prestigio mundial del que hoy disfruta Portugal |
En una
Unión Europea purgada por las
demagogias izquierdistas y derechistas, su vecina
España es el perfecto
paradigma populista tal y como aparece lastrada por múltiples demagogias,
Portugal brilla como prácticamente el
único país europeo, sin olvidar a
Suiza, representante de los valores que alumbraron el presente orden mundial progresista y civilizado hace setenta años tarea en la que a nivel global está acompañado por
Uruguay,
Costa Rica,
Nueva Zelanda o
Canadá. Y es que desprovista de demagogias y encontrándose en el momento más elevado de su trayectoria desde el derrocamiento de la dictadura postsalazarista en 1974 la avanzada y plena democracia portuguesa parece haberse conformado con su dimensión de
país pequeño limitando su
estrategia mundial a ejercer una
poderosa influencia espiritual como
representante de los
valores progresistas y civilizados que
alumbraron al mundo en 1945 tras la
larga noche de la
II Guerra Mundial. Unos valores que pese a su longevidad muchos quieren poner en cuestión por todas partes autoproclamándose representantes de un falso progreso como es el caso del ultraderechista brasileño
Jaír Bolsonaro, frente al que el presente
Portugal está en condiciones de imponer la
moralidad de su liderazgo sobre la lusofonía pese al enorme peso estratégico de un Brasil que en otros momentos estuvo en condiciones de utilizar su enorme potencial para erigirse como paradigma mundial de los valores que hoy tan ejemplar y modestamente representa
Portugal: prestigio luso cuya única sombra parece ser su propio Presidente,
Marcelo Rebelo de Sousa, quién fiel a su diplomacia lusófona no puede dejar de quedar bien con otros regímenes lusófonos como Brasil o Angola que representan precisamente lo opuesto que
Portugal.
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