miércoles, 16 de enero de 2019

Israel penetra en América Latina

El vínculo entre Bolsonaro y Netanyahu inaugura la
penetración de Israel en América Latina 
Uno de los rasgos identitarios de la izquierda y en especial de la extrema izquierda a lo largo del último tercio del siglo XX así como en la actualidad ha sido y es el antisemitismo expresado en forma de odio hacia el estado de Israel y apoyo velado o explícito, caso último de la extrema izquierda, hacia los grupos terroristas islamistas que pretenden causar su destrucción. Pero sin embargo el antisemitismo ni ha sido un fenómeno novedoso ni exclusivo de la izquierda y la extrema izquierda pues durante la primera mitad del siglo XX fue un fenómeno propio de la derecha y la extrema derecha, expresado más como odio hacia los judíos que como odio hacia un estado de Israel que por aquél entonces aún no existía. Actualmente las cosas han cambiado un tanto pues el antisemitismo pervive en la extrema derecha de la Europa del Este como un fenómeno étnico, pero sin embargo ha desaparecido en la extrema derecha de Europa Occidental que incluso ha hecho de la defensa de Israel uno de sus principales rasgos como contraposición a la mencionada actitud antisemita de la izquierda. Ello explica claramente la actitud sionista del nuevo presidente de Brasil, el ultraderechista Jaír Bolsonaro, quien rompiendo los tópicos de su xenofobia es claramente cómplice con la histórica e importante comunidad judía brasileña dado el carácter acaudalado de la misma que la diferencia claramente en su trato deferencial con respecto hacia otros colectivos de inmigrantes a quienes desprecia por su falta de recursos materiales. 

La hegemonía histórica de la izquierda y la extrema izquierda sobre América Latina habían hecho de esta región global un territorio vedado para Israel. Buena prueba de ello es que hasta el viaje de Benjamin Netanyahu para asistir a la toma de posesión de Bolsonaro ningún dirigente israelí había visitado nunca Brasil en los setenta años de historia de Israel. Por eso la llegada al poder de Jaír Bolsonaro simboliza un cambio histórico en relación con la actitud de América Latina hacia Israel, completamente influenciada por las obsesiones de la izquierda posmoderna. Si bien el vínculo entre Bolsonaro y Netanyahu representa la estrecha relación entre dos dirigentes mundiales de talante ultraconservador o incluso ultraderechista, la realidad es que supone la apertura de todo un mundo de ventajas políticas y económicas hasta ahora ignoto para la proyección global de un país, Israel, del que poco conocemos sobre sus intereses mundiales más allá de sus influencias y capacidades sobre la región de Oriente Medio en la que se halla ubicado. La llegada al poder de Bolsonaro en Brasil representa el reflujo de una marea izquierdista que antes de su victoria ya empezó a manifestarse en otros lugares de la región, abriendo paso a los intereses israelíes. Pero el primero en abrir camino fue Donald Trump quien tras su llegada al poder anunció el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, definiendo un claro vínculo con Netanyahu que había sido olvidado por su antecesor Barack Obama. Y en medio de las críticas azuzadas por los medios de comunicación convencionales y la academia Trump aseveró que habría más países que seguirían los pasos de Estados Unidos. Y así fue porque al poco tiempo reconocieron a Jerusalén como capital de Israel el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, y el de Honduras, Juan Orlando Hernández quienes acabaron anticipándose a Jaír Bolsonaro que ha hecho de Brasil uno de los aliados preferenciales de Israel y a Israel uno de los aliados preferenciales de Brasil junto a Italia

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